La leyenda del pirata Klaus Störtebeker

Linea Separadora Texto

Como es habitual en mis novelas, construyo relatos partiendo de situaciones históricas cuyo único objetivo es el de entretenerle durante su lectura. Sin embargo, y en aras de maximizar este último propósito, en ocasiones me veo en la necesidad de “desvirtuar el hecho histórico”, motivo por el que en esta ocasión he considerado oportuno incluir diversa documentación histórica que, tal vez, pueda resultar de su interés.

*

LA LEYENDA DEL PIRATA KLAUS STÖRTEBECKER

Este texto no contiene spoilers de la novela. Su lectura previa no restará
suspense narrativo a “El legado del profesor Sálomon”.

*

La historia –y leyenda– del pirata Klaus Störtebeker se encuentra íntimamente ligada a la evolución de la Liga Hanseática –también conocida como Hanse en alemán–, una confederación comercial y defensiva de gremios creada para proteger sus intereses económicos y privilegios diplomáticos.

Viajemos en el tiempo, concretamente hasta el siglo XIII, a la ciudad de Lübeck,  sede principal de los comerciantes de Sajonia y Westfalia. Cada ciudad dispone de su propio ejército, bien para protegerse, bien para ayudar a otros miembros del Hanse. No es infrecuente que los buques comerciales sean también utilizados para transportar soldados y armas.

Un siglo más tarde, a finales del XIV, el poder e influencia de la Hansa en Europa ya es notable, y por ende, también envidiado por otros muchos –holandeses, suecos, ingleses, daneses…–.

Así las cosas, y para comprender cómo Störtebeker y los suyos tienen cabida en la Historia, se hace necesario citar a la reina Margarita I de Dinamarca, casada a los 10 años con el rey Haakon VI de Noruega. Mujer inteligente y ambiciosa, tras la muerte de su esposo en 1380 es nombrada reina regente pues el único hijo del matrimonio, Olaf, todavía es niño. Sin embargo, la inesperada muerte del primogénito en 1387 la convierte en reina de Dinamarca en un primer momento, de Noruega doce meses más tarde, pero no así de Suecia, de la que había sido reina consorte en vida de su esposo, un país ahora gobernado por Alberto de Mecklemburgo, según la nobleza sueca un “rey opresor” pues les había privado de algunos de sus derechos.

La oportunidad era clara y Margarita no duda en aliarse con la nobleza sueca supuestamente oprimida a cambio de asegurarse la regencia del reino. Alberto de Mecklemburgo, que desprecia a la advenediza reina y seguro de su victoria, se enfrenta a sus tropas el 24 de febrero de 1389, en la batalla de Åsle. El resultado es una soberana derrota, Alberto de Mecklemburgo y su hijo encarcelados, y la “advenediza” al frente del gobierno de sueco. Sin embargo, la capital, Estocolmo, de población mayormente alemana, todavía se niega a reconocer a la nueva reina.

La ciudad es sitiada, pero resiste gracias al apoyo de los vitalinos, un gremio de piratas contratado por los príncipes alemanes enemigos de Margarita. Sin embargo, como suele ocurrir en este tipo de ocasiones, se hace necesario alcanzar un acuerdo político que termina por lograrse en 1395 con la intermediación de la Liga Hanseática, un acuerdo que, entre otras cosas, deja a los vitalinos al margen y “sin tajada”.

Uno de esos vitalinos es Hans Störtebeker, su líder, nacido en 1360 en Weimar, casado con la hija del jefe de Frisia Oriental –región costera sita en el noroeste del estado federal alemán de Baja Sajonia–, con residencia en su fortaleza de Marienhafe y en modo alguno dispuesto a renunciar a las bondades derivadas de tan lucrativo negocio como es el de apoderarse de lo ajeno: no por casualidad, sus principales clientes son las naves propiedad de la Liga Hanseática.

Como suele ser habitual, y más aún cuando los chismorreos se tornan en leyenda, las versiones sobre lo realmente acaecido a partir de entonces son diversas y variopintas.

La más extendida –y utilizada en la novela El legado del profesor Sálomon–, apunta a que la Liga Hanseática adquirió dos snekkes –cada uno con su respectivo armamento y tripulación– con el objeto de proteger su comercio marítimo de los ataques piratas. Estas naves, mucho más rápidas y maniobrables que las carabelas hanseáticas, eran ideales para poner fin al problema.

Uno de aquellos dos nuevos navíos, concretamente el Bunte Kuh, fue comandado por Simón de Utrecht, quien desde 1401 se dedicó a perseguir a todo aquel dispuesto a perturbar el tráfico marítimo en el mar del Norte, entre ellos Klaus Störtebecker, cuyo auténtico apellido era Storzenbecher, pues se opina que Störtebeker deriva del alemán stürz den becher –acabar con el jarro–, apodo aplicado a quienes son capaces de beberse cuatro litros de cerveza de un solo trago y sin respirar.

Según el mismo relato, en 1401 Simón de Utrecht se topa con el pirata cerca de la isla de Helgoland  –hoy en día un pequeño archipiélago alemán sito en el Mar del Norte–, a la par que un traidor bloquea el timón de la nave perseguida vertiendo plomo fundido en los eslabones. Por cierto, el cómo hizo para fundir el metal sin que nadie se apercibiera del asunto no ha quedado recogido en los escritos.

En cualquier caso, el relato apunta a que Störtebeker y sus hombres fueron apresados, conducidos a Hamburgo para ser juzgados y, finalmente, ejecutados. Según la leyenda, a cambio de su libertad el pirata ofreció oro suficiente para rodear Hamburgo con una cadena del mismo metal, pero tal vez por causa de la inquina que le profesaban, o tal vez porque la economía alemana ya por entonces “iba viento en popa y a toda vela”, declinaron el ofrecimiento y optaron por decapitarle en la islita de Grasbrook, frente a las murallas de Hamburgo y con hermosas vistas a la capital –por cierto, todo un detalle–. Lo que la leyenda dice que sucedió a continuación… bueno, lo relato en la novela.

Sin embargo, investigaciones recientes apuntan a que cabe en lo posible que Störtebeker y su tripulación dejaran este valle de lágrimas un año antes, es decir, en 1400, pues ciertos registros de la época hacen referencia a treinta fosas cavadas para otros tantos vitalinos. De ser cierto este dato, tampoco Simon de Utrecht habría sido el artífice de su captura, pues el Bunte Kuh no se acabó de construir hasta un año más tarde. De hecho, algunos registros apuntan a que la flota hanseática utilizada para apresar a Störtebeker fue comandada por Hermann Langhe.

En cualquier caso, fuera o no cierto lo dicho con respecto a la entrañable relación surgida entre Simón de Utrecht y Klaus Störtebeker, el primero acabó siendo elegido alcalde de Hamburgo en 1425, compaginando sus nuevas responsabilidades con batallas navales contra los saqueadores frisones: llegó a destruir la base pirata de Sebaldusburg y ocupar su capital, Emden. Murió en 1437, en Hamburgo, y fue enterrado en la iglesia de St. Nikolay, sita en la misma capital.

Llegados a este punto, lo cierto es que poco más se sabe de Klaus Störtebeker. Se ignora dónde fue enterrado, ningún retrato suyo ha llegado a nuestros días –al menos que merezca plenas garantías de serlo–, lo cual no es óbice para que su nombre y supuestas gestas sigan siendo recordadas.

De hecho, en Saint Pauli, un popular barrio de Hamburgo donde los Beatles comenzaron su carrera musical, zona de marineros, prostitutas y bares, muchos todavía recuerdan aquel tunante “bebedor, salvaje, violento y fuera de la ley. Así que cuando vean al Saint Pauli jugando al fútbol, no se extrañen de que las banderas y bufandas de muchos de sus hinchas muestren una calavera y dos tibias. Por cierto, el título del himno del club es, cuanto menos, curioso: cien cervezas”. (1)

También existe una torre en la fortaleza de Marienhafe donde puede leerse su nombre: Klaus Störtebeker.

De izquierda a derecha:

–Isla de Gransbrook, el lugar donde fue ejecutado Klaus Störtebeker y sus hombres (1640).

–Vistas de la ciudad de Hamburgo desde la isla de Gransbrook (1700).

–Recreación de la ejecución del pirata: obsérvese el detalle de las cabezas en la esquina superior izquierda.

(1) Fragmento extraído del blog del neurobiólogo, catedrático de la Universidad de Salamanca y escritor don José Ramón Alonso: pulsar aquí para acceder al texto completo.

 

Separador clásico

    Suscribirse al blog              ¿Cómo utilizar el blog?

Conocer su opinión es de gran importancia para mí. Por ello, si lo considera oportuno, déjeme un comentario. Gracias por leerme. Del mismo modo, le estaré profundamente agradecido si considera oportuno hacer saber de mi trabajo en su entorno personal.

Atentamente,

Rubén C. Morató

*

Página web

Correo electrónico: rubenmorato@me.com

*

EL LEGADO DEL PROFESOR SÁLOMON

Europa 1940: en busca de una leyenda del siglo XV

Copyright © 2017 – Rubén C. Morató

Todos los derechos reservados.

Registro de la Propiedad Intelectual M-007072/2017

ISBN: 978-84-697-7280-5

*

Queda prohibida la copia o reproducción de esta obra, sea total o parcial,

por cualquier medio o procedimiento, comprendidos la reprografía y el tratamiento informático,

sin el previo consentimiento expreso y escrito del autor.

*

No hay comentarios

Escriba un comentario


Uso de cookies

Este sitio web utiliza cookies para que usted tenga la mejor experiencia de usuario. Si continúa navegando está dando su consentimiento para la aceptación de las mencionadas cookies y la aceptación de nuestra política de cookies, pinche el enlace para mayor información.

ACEPTAR